jueves 1 de octubre de 2009

I am back!!! From London

Si, ¡he vuelto! Después de instalarme en Córdoba y empezar nuevo trabajo he estado un poco ocupada acostumbrándome a mi ritmo de curro. Pero por fin estoy acoplada y gracias a él (el trabajo) y por otros motivos he empezado a viajar de nuevo. Así que habrá más posts en Tokyoyorker.
La primera parada ha sido en el London Design Festival donde fui por trabajo y pude visitar el pabellón de 100% Design.
Designers Block, una parte especial para nuevos diseñadores.
Silla cactus:

Silla con escáner
Algunas tiendas interesantes.
Y TENT, otra parte de la exposición que estaba instalada en una antigua destilería de cerveza en el barrio de Brick Lane, si, ese universo Bangladeshi donde transcurría la película de con el mismo nombre.
Asiento hecho a base de lápices con goma:
Lámpara de rueda de bici:

Y la nota japo. ¡Encontré un establecimiento de Papa Beards para poder comerme un par de Cream Puffs o シュークリム! La suerte no fue al 100% porque ese día no tenían los de Té verde pero pude deleitar los clásicos de crema por supuesto.

Un poquito de sushi en un kaiten llamado ITSU en South Kensington.
Y la nota guiri: un paseito en la noria London Eye, recomendable totalm
ente para aquellos que disfruten de las alturas y de los paisajes nocturnos de las ciudades grandes como yo. El Támesis, el Big Ben, el Parlamento, San Paul al otro lado.

video

viernes 31 de julio de 2009

Cuando Manhattan era verde

Hace unos cuantos días leí este artículo en El Mundo acerca de Manhattan y que tal era la isla antes de que se empezara a colonizar y me pareció muy interesante, por Carlos Freneda.

Los castores abrevaban en Times Square. Los osos negros campaban a sus anchas por los altos de Harlem. Y los pumas y los lobos acechaban a los 5.000 indios Lenape que se abrían paso a duras penas en la fronda selvática de Mannahatta, la isla de «muchas colinas».

Así era la Gran Manzana, emparentada en la lejanía con el jardín del Edén, cuando la vislumbró por primera vez Henry Hudson en 1609. Y así la ha reimaginado cuatro siglos después Eric Sanderson, en ese fascinante proyecto que recupera el nombre y el espíritu original de Manhattan, increíblemente reverdecida ante nuestros ojos.

"Como Henry Hudson, vine a Nueva York buscando algo, pero una vez aquí he encontrado algo distinto, algo que no esperaba", confiesa Sanderson, ecologista del paisaje, que ha logrado trazar un puente inaudito entre la jungla de asfalto y el bosque impenetrable de robles y castaños.

Primero fue un libro, 'Mannahatta', un canto ecológico y poético, deudor de Henry David Thoreau y Walt Whitman. La idea se desborda ahora en una de las exposiciones imprescindibles del verano, en el Museo de la Ciudad de Nueva York de la Quinta Avenida y la calle 103. Aunque el prodigio visual llega hasta internet, donde cualquier neoyorquino puede ver cómo era la vida en su manzana hace 400 años con un simple click .

"En Mannahatta había 627 especies diferentes de plantas, 233 variedades de pájaros y una biodiversidad por hectárea superior a la de Yellowstone o Yosemite», asegura Sanderson. «Si hubiera subsistido como tal, la isla sería hoy en día la auténtica joya de los parques naturales».

Los propios indios Lenape, con los incendios controlados y la agricultura incipiente, fueron los primeros en alterar el paisaje con prácticas que hoy se considerarían 'sostenibles'.

El Bajo Manhattan encajó en el siglo XVII la huella de la civilización, encarnada en los pioneros de Nueva Ámsterdam. Los británicos arrasaron gran parte de la isla y la convirtieron en fortín durante la Guerra de la Independencia. Pero el golpe de gracia llegó en 1811, con la rejilla urbana que convirtió la isla en una lacónica sucesión de calles y avenidas.

A golpe de dinamita, se allanaron gran parte de las 500 colinas. Hasta lo que hoy es Central Park pasó por un meticuloso proceso de reducción topográfica. Con el tiempo llegarían los rascacielos, anclados en la roca granítica.

Destrucción de la vida silvestre

"No hemos llegado a matar la naturaleza en Manhattan, pero es cierto que la vida silvestre ha estado mortificada por las decisiones urbanísticas", admite Eric Sanderson. "Se han cegado los cauces naturales, se han rellenado los humedales, se le ha ido ganando terreno al río Nueva York está enclavada en un estuario, en un ecosistema muy delicado y muy expuesto a los efectos del cambio climático".

Sanderson se rebela contra la idea de la jungla de asfalto que enfrenta a la naturaleza contra la creación humana: "Las ciudades no pueden crecer de espaldas a la naturaleza. Los arquitectos y los urbanistas hablan cada vez más de la biomímesis y de cómo debemos construir la ciudades como si fueran econsistemas, imitando a la naturaleza. La gente se está dando cuenta además de que vivir en una ciudad es mucho más eficiente y sostenible desde el punto de vista ecológico". Sin ir más lejos, la huella de CO2 del neoyorquino (7,1 toneladas métricas al año) es tres veces inferior a la del norteamericano medio (24,5 toneladas).

La tierra recuerda, y la diversidad cultural de la isla donde se hablan más de 100 lenguas es de algún modo el reflejo de "la increíble biodiversidad que existía hace cuatro siglos".

Sanderson empieza a ver señales muy claras del espíritu redivivo de la vieja Mannahatta: del Parque High Line inaugurado sobre los raíles elevados de Chelsea a los bosques de Inwood, que han sobrevivido milagrosamente intactos al norte de la isla. "Creo que las semillas están ya plantadas bajo el asfalto", afirma Sanderson, que culmina su libro con una visión utópica de Nueva York en 2409, cuajada de tejados verdes: "Los neoyorquinos amamos tanto esta ciudad que es muy posible construir una versión aún más sostenible de Manhattan".

sábado 18 de julio de 2009

Off Jackson Avenue

Ayer se estrenó en el Quad Cinema de Nueva York la película "Off Jackson Avenue", seleccionada dentro del Festival de Cine Latino de Nueva York de 2008.

Toda la trama de la película ocurre en Queens y como vecina del barrio durante casi dos años la he visto con una mezcla de sentimiento de miedo y de "ala ahí he estado yo". Todo Queens no es como lo ponen en esta película pero es verdad que esas zonas de fábricas viejas y de almacenes arrumbiados por Long Island City y por el Queens profundo dan mucho material para una película de crimen.

Bueno, la película. Va de una mujer mejicana vendida como esclava sexual, de un ladrón de coches de la ciudad con sueños de ser una persona respetable y un profesor de inglés japonés que en sus ratos libres trabaja como asesino a sueldo. Todo esto en la internacional "tierra de nadie" fuera en la Avenida Jackson.

A la salida de la película estaba allí el actor japonés que hacía de Tono-san, Jun Suenaga, estaba en la puerta del cine hablando con los espectadores.